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TODO COMENZÓ EN LOS AÑOS 60

Nuestra Historia

La Historia de Café La Llama empieza en los años 60 en el pueblo de Zambi , Loja Ecuador. Las Familias Correa Córdova y Rojas Encalada se dedicaban completamente al negocio del café para salir adelante y darles educación y un mejor futuro a sus hijos.

Mi abuelo Julio Cesar Correa con mi abuela Dolores Córdova produjeron y comercializaron café alrededor de 50 años de su vida y gracias a la actividad del café y su esfuerzo lograron tener una familia estable y feliz en la ciudad de Loja.

Mi abuelito Julio tuvo con mi abuela Lola 6 hijos , hice una entrevista a algunos de mis tíos que recuerdan claramente su niñez y algunos parte de su adolescencia y me relatan con mucha alegría y nostalgia la temporada de café y el recuerdo que quedó en ellos durante los mejores años de su vida. Todos los domingos por la tarde, el pueblo de Zambi se preparaba para recibir a los comerciantes de café y negociar con ellos el precio y la calidad. No solo se comercializaba café, también se comercializaba maní, piña y otros productos agrícolas de muy buena calidad.

Domingos

Mi papá me cuenta que recuerda muy bien esa clase de domingos , toda la familia sabía que el domingo era el día que más trabajo tenían en casa porque se vendía el café al mejor postor y mi abuelo preparaba a la familia para atenderlos con comida, gallinas, pollos y claro que una cargada taza de café.

Mi abuelo J.C también era productor de su propio café, él y mi abuelita Lola tenían en su finca sembrado variedad de Típica y luego Caturra , toda la cosecha la vendían a “Coco”, un comerciante que viajaba desde Guayaquil para comprar café de la zona. En aquel tiempo cada saco se llenaba con 200 libras, mezclaban todo el café de la zona con pequeños pueblos como Jorupe, El Porvenir, Latingue y lo pesaban uno por uno en la balanza y lo cosían para luego ser subidos al hombro al camión del comerciante.

La gente que llegaba a Zambi llegaba con maletines de cuero negro , repletos de billetes y estacionaban su caballo en una calle larga frente a un parque donde era el parqueo de los caballos.

Es ahí donde el comerciante se bajaba de su caballo y en casa lo esperaban con un gran banquete ya que desembolsar todo en cash era liquidez inmediata para esa y otras actividades de mi abuelo. Mi tía me cuenta que todas las vacaciones de escuela recuerda ir a la Finca de mi abuelo J.C porque era la temporada de cosecha y todos los hijos tenían que ayudar de alguna manera. Mi papá J.A fue el primer hijo hombre de mi abuelo y lo incluía mucho en el negocio , sobre todo en los viajes a Guayaquil donde se tardaban 2 días para entregar el café.

Guayaquil

Mi papá recuerda que habían ciertos comerciantes que les pedían directamente el café en Guayaquil, y mi papá y abuelo tenían que viajar en el camión para entregar el café en el puerto. Como en los años 70 no existía todavía el puente de Duran; mi papá y mi abuelo viajaban en el carro hasta Puerto Bolívar y en ese lugar tomaban un barco donde cargaban el café y les ofrecían un camarote de descanso para los dos. El barco sonaba cuando estaba listo para zarpar y toda la tripulación lista para viajar por el río al Gran Guayas.

Un día después, llegaban a Guayaquil , la dirección de entrega era El malecón y Colón y los estibadores esperaban listos para desembarcar todo el café. Mi abuelo J.C y mi papá J.A regresaban contentos con el maletín lleno en barco a puerto bolívar y luego en su camioneta nissan ford courier.

La primera piladora

Mi abuelo compró e instaló la primera piladora del pueblo y junto con esto daba el servicio de pilado a todos los otros productores que también se dedicaban a la venta del café.

Mi abuelito J.C fue uno de los mayores comercializadores de café de la zona, a la semana comercializaba alrededor de 400 quintales en época de cosecha y era un todologo en el negocio y la calidad del café. Durante los meses de cosecha mi abuelo vendía alrededor de 4800 quintales con la ayuda de mi abuelita Lola y su familia.

Por otro lado, a la vuelta de la esquina vivía mi abuelo Raúl Rojas, y mi abuelita Enma Encalada. Mi abuelito Raúl hasta el día de hoy año 2020 se dedica indirectamente al café ya que maquila a algunas marcas a su estilo tradicional y con el sonido y la visión puede observar cuando el café ya está listo para su mercado.

En los años 70 mi abuelo R.R tenía un trabajador de confianza llamado Eliberto que acopiaba café en la bodega de mi abuelo y así mismo esperaba el día domingo para vender el café a los comerciantes que llegaban al pueblo. Los compradores de café de mi abuelo R.R venían de Portovelo y Piñas y mi abuela también los recibía con comida para que el negocio se cierre por completo.

Mi mamá me cuenta, que mi abuelo marcaba con un marcador azul marino todos sus sacos de café con las iniciales R.R para tener un registro juntos con los otros vendedores y que no se lleguen a confundir.

Mi tía me describe que los compradores llegaban con sombrero y botas, que tenían una alforja y que también les gustaba beber un trago tradicional de Loja llamado Cantaclaro.

Mis abuelos se casaron en los años 60 y empezaron su primera actividad en café, ellos compraban cosechas de café de un señor llamado Emiliano Córdova , luego ellos lo secaban , lo pilaban y tenían un comprador fijo de Portovelo que les adelantaba el pago para asegurar esa cosecha para él. El promedio de venta mensual también era alrededor de 400 quintales semanales en época de cosecha.

Mi abuelo R.R tenía un centro de acopio donde recibía durante toda la semana café, habían productores que llegaban con 20 o 30 quintales mientras otros acopiaban a sus vecinos también y llegaban con 100 o 150. Al final cuando tenía un aproximado de 800 quintales mi abuelo R.R viajaba a Guayaquil a entregar el café.

El medio de transporte y carga en ese tiempo para el café era el caballo y la mula , Como tenía una bodega grande, mi abuelo acopiaba su café en cereza y lo ponía a secar 10 y 15 días dependiendo el clima, luego lo pilaba y estaba listo para ser comercializado , pero también lo compraba verde listo para tostar.

Es importante mencionar que el precio del café se regía por el precio que la gente especulaba en Guayaquil; mi abuela me cuenta que desde Guayaquil llamaban a un teléfono magneto para avisar a los productores que el café había subido o bajado de precio. Con esta noticia, mis abuelos tomaban decisiones de abastecerse de más café porque el precio era más alto o mantenerse al margen durante esa semana y no comprar si el precio caía.

Lamentablemente las cosas cambiaron entre 1983 – 1985 porque construyeron una carretera alterna a la principal que cruzaba por Zambi y todos los camiones y carros empezaron a circular por la nueva vía dejando poco a poco en el olvido al pueblo de Zambi y su producción. Adicionalmente hubo un año de sequía y la producción de café disminuyó a menos de la mitad y el siguiente año la planta de café ya no se pudo recuperar produciendo lo que producía en su buena época, por esta razón mis abuelos empezaron a comercializar piña ya que podían producir entre 4000 a 5000 piñas y el negocio era rentable.

Luego de estos años duros para mis abuelos, decidieron darle un valor agregado adicional a su café y empezar a vender tostado y molido. Compraron una tostadora y molino y empezaron a distribuir café en la ciudad de Loja por libras, normalmente vendía a las bodegas más grandes de la ciudad y a los mayores distribuidores.

Mis abuelos Raúl Rojas y Enma Encalada hasta el día de hoy cosechan su café y lo procesan en su bodega para distribuir a familiares y amigos.

Mis abuelito Julio falleció hace 3 años a sus 91 años y mi abuelita Lola falleció el mes en el que yo nací.

Su nieta
Gaby